Esta última noche, antes de estar hoy en Badajoz clausurando el I Congreso de AJEExtremadura, invitado por Pilar Coslado de Afimec , la he pasado a bordo del A340-600 Miguel Servet de Iberia viniendo desde Santiago de Chile. Trece horas de vuelo dan para mucho. Ya además de almorzar y desayunar he tenido tiempo para dormir, leer un par de libros, contestar algunos correos y tener un rato de animada charla con una de las azafatas que ya me había llevado alguna otra vez a través del océano.
Además
de la delicada situación por la atraviesa la compañía hemos hablado de los
sacrificios personales que implica cualquier trabajo que, como el suyo,
comporta viajes continuos y pasar mucho tiempo fuera de casa. Le he contado que
a Almudena y a Mariola (mis hijas más pequeñas) lo que más les gusta es que
papá llegue a casa después de cenar, porque así les cuenta en la cama “el
cuento con el traje puesto”. Y para ellas eso es lo más.
Ella
me ha contado que en una vez en una reunión de padres de un colegio el director comentaba la importancia del apoyo que los padres deben darle a los
hijos y les pedía que aunque la mayoría fueran trabajadores encontraran el mayor
tiempo posible para dedicárselo a ellos.
Una de las madres se levantó y explicó humildemente que ella era azafata de
vuelo y lamentablemente no tenía demasiado tiempo de hablar con sus tres hijos. Operaba vuelos
transoceánicos y eso le obligaba a pasar una noche de escala fuera de casa un
par de veces a la semana. Muchas veces regresaba de madrugada y sus hijos
ya estaban durmiendo.
Su
trabajo era necesario para sacar adelante a la familia, pero la situación le
angustiaba mucho e intentaba redimirlo pasando por sus camas al llegar a casa,
fuera la hora que fuera. Además de darles un beso, para que supieran de su presencia les hacía un
nudo en la punta de la sábana con la que se tapaban. Cuando
los hijos se despertaban veían el nudo y sabían que su madre había estado allí
y les había dado –aunque fuera tarde- un beso de buenas noches. Ese nudo era el
medio de comunicación entre ellos.
El
director del colegio se emocionó al comprobar que los tres hijos de aquella azafata eran
alumnos de los más brillantes.
Existen
mil formas de hacernos presentes y de comunicarnos con la gente que queremos
cuando las circunstancias nos impiden verlos todo lo que querríamos. Esos
simples detalles (un beso, un nudo en la punta de la sábana, un dibujo en la mesilla…) significaban para
aquellos niños muchísimo más que unos regalos o unas disculpas vacías. Es
importante que nos preocupemos de los demás, pero es más importante que ellos
lo sepan y que puedan sentirlo.
Las
personas a veces no entendemos el significado de algunas palabras, pero sí que
sabemos detectar y entender un gesto de amor. Aunque ese gesto sea solamente un
nudo en una sábana. Y es que en materia de afecto, los sentimientos siempre hablan más alto y claro
que las palabras.


1 comentario:
Una buena lección. Cualquier pequeño detalle puede ser un gran tesoro, todo depende el amor que se vierta en él. Saludos desde Sevilla
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